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1.- Ideas sobre Socioconstruccionismo, Antropología postmoderna y Psicología cultural (incluyendo algún toque de Psicología discursiva). Extracto de mi trabajo para el Pràcticum de final de carrera, “Emociones, consumo y relaciones en red. Los casos de Rubialoka, Mirta y Akesha”. Dirigido por Adriana Gil Juárez y presentado en Junio del 2004.

2.- Mente y cultura: ¿un enigma resuelto?

3.- Un poco de humor nunca viene mal. Conversación socioconstruccionista (mensaje enviado al Fòrum del mismo nombre de la UOC por Josep Maria Servalós, estudiante de Psicología, el pasado 23/09).

 

 

 

 

1.- Ideas sobre Socioconstruccionismo, Antropología postmoderna y Psicología cultural (incluyendo algún toque de Psicología discursiva). Extracto de mi trabajo para el Pràcticum de final de carrera, “Emociones, consumo y relaciones en red. Los casos de Rubialoka, Mirta y Akesha”. Dirigido por Adriana Gil Juárez y presentado en Junio del 2004. (Versión para imprimir – pdf)

 

Antes de iniciar el trabajo de elaboración teórica quiero recordar de nuevo que mi punto de vista es totalmente socioconstruccionista, complementado con las aportaciones de la llamada antropología postmoderna y la psicología cultural contemporáneas. En la actualidad estoy cursando el “Program in social construction. Theory and therapeutic practice”, bajo la dirección de la Doctora Susan Swim, del Houston Galveston Institute/Taos Institute, dirigido este último por Kenneth J. Gergen. En antropología me he entusiasmado con la lectura de las obras (prácticamente desconocidas en nuestro entorno inmediato) y con la correspondencia mantenida con el etnógrafo Stephen A. Tyler, de la Rice University, en Houston. Y en cuanto a la psicología cultural, entiendo que estamos asistiendo a un auténtico cambio de paradigma científico gracias a los trabajos de especialistas como Bárbara Rogoff, Michael Tomasello, James V. Wertsch, Michael Cole y otros, quienes -partiendo de Vygotsky, Luria, Bakhtin- nos están facilitando día a día niveles de análisis psicosocial más amplios, al tiempo que integradores.

 

Permítaseme resumir en cinco puntos los supuestos básicos que están presentes en todo mi trabajo.

 

a)                 Anti-esencialismo.- Los seres humanos no disponemos de ningún tipo de esencia "interior" que nos haga pensar como pensamos ni actuar como actuamos (Burr, 1995).

 

b)                 Anti-individualismo.- El centro de interés del psicólogo socioconstruccionista se traslada del individuo a los procesos de interacción social (Gil, 2002a; Swim, 2003).

 

c)                 Anti-realismo.- No hay ninguna realidad ahí fuera esperando a ser descubierta o interpretada. Los humanos construimos -en un proceso dialógico y social- la llamada "realidad" (Burr, 1995; Ibáñez, 2001).

 

d)                 Anti-dualismo.- La cultura occidental -gracias a la moral judeocristiana, a Descartes e, incluso más allá en el tiempo, a Aristóteles y Platón- tiene una fuerte tendencia a presentar las cosas en términos dualistas y opuestos. Bueno/malo, masculino/femenino, verdad/mentira, cuerpo/espíritu,... mente/cultura. Esta es una forma parcial de construir la realidad que no necesariamente tiene que ser "cierta".

 

Más allá de la filosofía dualista pensamos que la construcción social de la realidad es multivariada. No existe una "Verdad" absoluta y la ciencia de la modernidad es sólo una forma más de ver las cosas que fue útil en su momento.

 

e)                 Anti-desarrollismo.- Si la psicología social ha sido la primera subdisciplipina de la ciencia de la conducta en ser absorbida por los supuestos de la postmodernidad, todo indica que la psicología del desarrollo será la próxima (Forrester, 1999). Desde este punto de vista, el desarrollo individual humano no es dependiente de la biología (evolucionismo darwiniano), sino de la tecnología cultural/social.

 

En mi opinión, el esencialismo, el individualismo, el realismo, el dualismo y el desarrollismo son cinco mitos (usando la terminología de Ibañez, 2001) de la cultura occidental moderna. Nada más. Así, están situados y son construidos en un momento histórico determinado -el comprendido entre la Ilustración y finales del siglo pasado-. Como tales, no tienen ningún valor de verdad absoluta y son únicamente formas de ver las cosas que han sido útiles -eficaces- en un contexto y un momento dado.

 

The kind of understanding we display in such activity is an active, relational-responsive kind of understanding that, unlike the representational-referential form of understanding more well known to us. Gives rise to more than just a ‘picture’ of the speaker’s meaning in another person’s head”. (Shotter, 2000, pág. 100).

 

La etnografía postmoderna es una evocación ajena a la tiranía de la representación[1]. La evocación, al contrario de la representación, exige al etnógrafo psicosocial un gran esfuerzo creativo. La irresponsabilidad de la representación -como la de todo sistema tiránico- es sustituida por la responsabilidad del autor que no representa sino crea discursivamente una obra justificable por y en sí misma. En una etnografía crítica hay un factor constructor de gran peso: el investigador ya no puede decir "Ellos dijeron o hicieron esto que os cuento", sino, "Yo digo". La responsabilidad del etnográfo evocativo es, pues, plena. No está re-creando unos hechos supuestamente objetivos, sino creando una realidad propia. En este sentido, su única esperanza es que su evocación de la realidad sea aceptada por el lector/lectora; quizá mínimamente entendida y subjetivamente compartida.

 

“(Una teoría científica actúa) …exactamente como una caja de herramientas. No tiene nada que ver con el significante… Es preciso que eso sirva, que funcione" (Deleuze, 1972, p. 10) "Ya no hay representación, sólo hay acción, acción de la teoría, acción de la práctica en relaciones de relevos o redes" (Deleuze, 1972, p. 8).

 

“Cuantos más modelos plausibles, mejor, sin que sea preciso detenernos demasiado tiempo en saber si representan adecuadamente la realidad, lo que importa es multiplicar los modelos y las pautas de exploración de esos modelos, con el fin de buscar resultados y formulaciones que tengan un valor operacional y sugieran pautas de acción” (Ibáñez, 2001, pág, 101)

 

Research always does more than research” (Burman, 2000, pág. 68)

 

Afortunadamente los científicos -también los sociales- disponemos de una herramienta eficaz contra esta especie de desánimo ontológico: el método. Si este nos permite construir y gestionar conocimiento sin hacer daño a nadie -a pesar de inmiscuirnos en sus vidas sin permiso-, podemos seguir trabajando con la conciencia tranquila. Y mi método no es otro que el del análisis del discurso.

 

El socioconstruccionismo centra su base teórica en la construcción discursiva de la realidad (Montenegro, 2004)[2]. Dicha construcción se formaliza a través del lenguaje y de la interacción dialógica. El análisis, pues, de esa interacción y del uso de la tecnología lingüística, nos proporciona una potente herramienta para ver cuáles son las pautas comunicativas en una relación determinada. Conocemos este corpus operativo como análisis del discurso y la subdisciplina socioconstruccionista que se ocupa de él como psicología discursiva.

 

Derek Edwards y Jonathan Potter, ambos de la Universidad de Loughborough, son, probablemente, los mejores representantes de esta línea de trabajo. En 1992 (cit. en Román Brugnoli, 2003, pág. 70 y sigs.) presentan su modelo de acción discursiva compuesto por tres secciones: a) acción; b) hecho e interés; c) responsabilidad. Desde aquí, quiero dejar sentadas tres premisas,

 

a)                 El discurso -el lenguaje en general- tiene, al menos, tres funciones (López Gómez y Rodriguez Giralt, 2002; Seguí, 2002): la locutiva (lo que dice), la ilocutiva (lo que hace en sí), la perlocutiva (el efecto, lo que hace hacer). Todas son básicas; pero el análisis del discurso se centra fundamentalmente en la ilocutiva. El lenguaje hace cosas por sí mismo. Y cosas, si se me permite la expresión, de enorme trascendencia: construye la realidad, el entorno social en el que se desarrollan las interacciones que generan emociones e identidad.

 

b)                 Siguiendo a Shotter -profesor emérito de Comunicación en la Universidad de New Hampshire- (1999a, 1999b), la actividad cotidiana del humano se da en una práctica de múltiples interacciones dialógicas que implican una responsabilidad hacia la alteridad de los demás. Dicha práctica es, en la mayor parte de las ocasiones, no pensada, espontánea y muy compleja. Su análisis nos evidencia puntos de vista sobre las construcciones cognitivas y el comportamiento de los sujetos en la vida cotidiana.

 

c)                 La psicología del discurso se centra, pues, en la práctica diaria de la gente en entornos sociales naturales, en lo que están haciendo y cómo lo están haciendo (Potter, 2000). Así, es preciso situar al sujeto hablante en su entorno. De acuerdo con el antropólogo Blai Guarné (2002), las mecánicas comunicacionales desarrolladas por cada sociedad determinan un tipo diferente de conocimiento. El conocimiento está situado socioculturalmente y no deja de ser el motor de la construcción interactiva lingüística.

 

Volviendo al modelo de acción discursiva de Edwards y Potter (1992, ref. cit.), la acción se opone a los constructos cognitivos (Potter, 2000). Lo que importa en el análisis del discurso no es lo que el sujeto piensa -cuáles son sus esquemas de cognición- sino lo que hace mediante lo que dice. En este sentido cabe analizar cuáles son sus repertorios constructivos e interpretativos, como elementos básicos que usa para elaborar sus versiones -situadas- de acción y pensamiento (Wetherell y Potter, 1988).

 

A través de este análisis, los etnográfos psicosociales hemos de ser capaces de detectar los hechos e intereses del sujeto. El análisis del discurso es una metodología de investigación cualitativa que, de acuerdo con Antaki et al. (2003) hace algo más que presentar los datos. La atención del analista debe centrarse en determinadas cuestiones relevantes y dejar de lado otras. Es preciso buscar evidencias de la existencia de repertorios cognitivos, ideologías o discursos del hablante más allá del extracto puro y duro de la conversación. “We can’t desinfect language from ideology” (Gergen, 2004). Así, no es suficiente con una observación, digamos, "literaria" del texto -como diálogo, como construcción-, sino que hay que superar el método, hacia una deconstrucción derridiana (Derrida, 1987, 1998) buscando la marginalidad del texto, del discurso.

 

De entre los diferentes repertorios discursivos que el sujeto tiene a su disposición -o construye dialógicamente- me interesa resaltar ahora dos:

 

a)                 La presentación de ejemplos (Shotter, 1999a) no como formas meramente ilustrativas dentro del discurso, sino como auténticas construcciones espontáneas que aportan conocimiento implícito de los usos factuales del sujeto. La fuerza del ejemplo, su carga ideológica, su intención de ilustrar y fortalecer el discurso, son elementos básicos de análisis del método socioconstruccionista.

 

b)                 El uso de términos extremos (generalistas, demostrativos de la "Verdad"). Edwards (2000) los contempla como no literales y propone que tienen dos características. Por un lado, no sólo describen, sino que hacen. Por otro, son fácilmente refutables mostrando una sola excepción a la generalización. Así, no hay que tomarlos literalmente, sino como un indicador de la actitud del hablante, más que como una descripción fuerte del mundo. En mi opnión, la actitud del hablante es, en definitiva, su descripción del mundo, el relato de sus hechos y de sus intereses, la construcción de los "reportes individuales" que hilvanan su discurso, aún considerándolos como "...in metaphoric, 'essentially so', 'as if it were so' ways, performing irony, teasing, and joking." (Edwards, 2000, pág. 370).

 

Es necesario analizar la potencia de estos dos constructos discursivos -y seguramente más- para ver cuál es la responsabilidad de cada actor. Como analista es preciso desprenderse de los propios prejuicios -puntos de vista personales, políticos o morales- y huir de la deificación del objeto (Speer y Potter, 2000). Este -ejemplos o términos extremos- no "es" previo al discurso, sino que es resultado del proceso de análisis. La responsabilidad de los implicados en el acto comunicacional deriva de su esfuerzo por presentar explícitamente discursos plenos de racionalidad, objetividad y, digamos, científicos. Un análisis puramente "literario", como he comentado antes, no aportará las versiones implícitas en el discurso. Observando los usos internos retóricos y las respuestas a las variables explícitas se muestran -no sin dificultad en muchas ocasiones- los procesos de carga ideológica, emocional y prejuicial implícitos.

 

Con esta metodología -apenas esbozada-, los psicólogos sociales socioconstruccionistas nos convertimos en -siguiendo textualmente a Michael Billig, quien se basa en Gergen, Bakhtin y Shotter (1987, pág. 19)- “students of detail”. Nos interesa lo que me permito llamar la “microetnografía del detalle”, de la retórica cotidiana. Retórica que tiene usos de construcción de la realidad que pueden ser engañosos ya que, volviendo al Gergen más reciente (2004), “Some people will conveince you because he has pretty words”.

 

Josep Seguí

Junio 2004

 

Bibliografía.-

 

Antaki, Charles; Billig, Michael; Edwards, Derek; Potter, Jonathan (2003): “Discourse analysis means doing analysis: a critique of six analytic shortcomings”. Discourse Analysis Online. 1, 1. http://www.shu.ac.uk/daol/previous/v1/n1/index.htm. Lamentablemente, esta fenomenal iniciativa de la Universidad de Sheffield parece haber llegado a su fin. Afortunadamente, suelo guardar copia en papel de algunos interesantes artículos, como este.

Billig, Michael (1987/1996): Arguing and thinking. A rhetorical approach to social psychology. Cambridge: Cambridge University Press.

Burman, Erica (2000) “Method, measurement, and madness”.  En Holzman, Lois y Morss, John (eds.), Postmodern psychologies, societal practice and political life. New York: Routledge.

Deleuze, G/Foucault, M. (1972/1981): "Un diálogo sobre el poder". En Foucault, M. Un diálogo sobre el poder. Madrid: Alianza.

Derrida, Jacques (1987/1989): La desconstrucción en las fronteras de la filosofía. La retirada de la metáfora. Barcelona: Paidós.

Derrida, Jacques (1995): "Prepare yourself to experience the future and welcome the monster". Por cortesía de Peter Knapp de la University of Minnesota,  http://www.hydra.umn.edu/derrida/monster.html. Fecha de revisión enlace: 06/06/2004.

Derrida, Jacques (1998): Márgenes de la filosofía. Madrid: Cátedra.

Edwards, Derek (2000): “Extreme case formulations: softeners, investment, and doing nonliteral”. Research on Language and Social Interaction. 33 (4), pp. 347-373.

Gergen, Kenneth J. (2004): Notas del autor en el entorno del Gergen’s Socioconstruccionism Workshop. Philadelphia.

Guarné Cabello, Blai et al. (2002): Psicologia de la comunicació, els sistemes d'escriptura i les TIC. Barcelona: Fundació per la UOC.

Ibañez, Tomás (2001) Municiones para disidentes. Realidad-Verdad-Política. Bacelona: Gedisa.

López Gómez, Daniel; Rodríguez Giralt, Israel (2002): “Psicologia social de la comunicació”. En Guarné Cabello et al.,  Psicologia de la comunicació, els sistemes d'escriptura i les TIC. Barcelona: Fundació per la UOC.

Montenegro Martínez, Marisela (coord.) (2004): Psicologia social dels problemes socials. Barcelona: Fundació per la UOC.

Román Brugnoli, José Antonio (coord.) (2003): Psicologia del conflicte i la litigació. Barcelona: Fundació per la UOC.

Potter, Jonathan (2000): “Post-cognitive psychology”. Theory & Psychology. 10 (1), pp. 31-37.

Shotter, John (1999a): “Dialogue, depth, and life inside responsive orders: from external observation to participatory understanding”. Participación en el congreso Dialogues on performing knowledge. Estocolmo.

Shotter, John (1999b): “From within our lives together: the dialogical structure of our 'inner worlds'”. Participación en la 49th Annual Conference of the International Communication Association. San Francisco.

Shotter, John (2000) “From within our lives together: Wittgenstein, Bakhtin and the shift to a participatory syance in understanding understanding”. En Holzman, Lois y Morss, John (eds.), Postmodern psychologies, societal practice and political life. New York: Routledge.

Speer, Susan A.; Potter, Jonathan (2000): “The management of heterosexist talk: conversational resources and prejudiced claims”. Discourse & Society. 11 (4), pp. 543-572.

Tyler, Stephen A. (1978) The said and the unsaid. Mind, meaning, and culture. New York: Academic Press.

Tyler, Stephen A. (1987) "Acerca de la 'descripción/desescritura' como un 'hablar por'". En Reynoso, Carlos (compilador): El surgimiento de la antropología posmoderna. 4ª edición. Barcelona: Gedisa.

Tyler, Stephen A. (1996) "Beyond alphabets: an interview with Stephen A. Tyler", by Scott A. Lukas at POMO Magazine, 2 (1), pp. 11-30.

Wetherell, Margaret; Potter, Jonathan (1988): “El análisis del discurso y la identificación de los repertorios interpretativos”. Trad. de González Díaz, José Luis del artículo publicado en Antaki, Charles, Analysing everyday explanation: a casebook of methods. London: Sage Publications

 

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2.- Mente y cultura: ¿un enigma resuelto? (Versión para imprimir – pdf)

 

Resumen

 

El autor de este artículo pretende sentar las bases de futuras investigaciones orientadas a mostrar que el desarrollo individual humano es totalmente dependiente de la cultura, no de la biología. Usa tres enfoques analíticos -el neurológico, el cognitivo y el de la psicología cultural (especialmente este último)- y muestra que mente y cultura son lo mismo -son la misma construcción-. Ejemplifica la propuesta con un análisis sobre la memoria y toma las investigaciones de Luria (1976) de los años 1931/32 como referente de comparación de otros aspectos cognitivos humanos en diferentes culturas.

 

Palabras clave

 

Desarrollo humano, psicología cultural, mente, psicología cognitiva, cultura.

 

Introducción

 

 

Enfoque biológico: el cerebro

 

Es fundamental para mi análisis comentar, siquiera sea brevemente, las aportaciones que la ciencia neurológica puede realizar a nuestra discusión.

 

El desarrollismo[3] tiende a conceptualizar el desarrollo humano en etapas o fases universales relacionadas con el desarrollo cerebral. Piaget (Piaget, 1947, 1964; cit. en Perinat, 2001; cit. en Vygotsky, 1934) basa toda su teoría del desarrollo en este supuesto, si bien termina por admitir la importancia de la influencia del entorno en el mismo.

 

El cerebro humano es un órgano enormemente complejo y multiespecializado. Nadie, ni siquiera un socioconstruccionista extremo como el que firma estas líneas, puede negar la importancia de este órgano en cualquier tipo de actividad humana, incluido el desarrollo hacia la llamada maduración. En 1978 Debakan y Sadowsky (cit. en Rosenzweig et al., 1999, pág. 216) mostraron experimentalmente que el peso y el volumen del cerebro cambian durante el desarrollo fisiológico del humano. Hasta los 5 años de edad el aumento es muy rápido; alcanza su valor máximo entre los 18 y 30 años y a partir de aquí va disminuyendo poco a poco. Sin ninguna duda, esta evidencia científica solidifica aparentemente por sí sola la teoría del desarrollismo psicológico piagetiano. Es lógico deducir que -en su adaptación al medio ambiente- el niño sigue una serie de fases íntimamente relacionadas con el desarrollo genéticamente determinado del cerebro. Pero la cuestión es: ¿es cierta esta última afirmación? No cabe la menor duda de que la plasticidad neuronal es enorme, especialmente en los primeros años de vida. Pero, ¿los cambios son debidos al innatismo genético o a la influencia externa del medio ambiente físico y social? Es difícil mostrar evidencias definitivas en un sentido u otro, más me atrevo a decantarme por el último supuesto. Cualquier explicación innatista de las capacidades psicológicas superiores humanas significa aceptar una especie de "esencialismo interno", constructo absolutamente impensable desde mi marco teórico. El cerebro humano (Donald, 1991; cit. en Gauvain, 1998) no ha cambiado prácticamente, ni estructural ni funcionalmente, en los últimos 40.000 años. Sin embargo, nuestras conductas y habilidades lo han hecho -y cada vez más- de una forma espectacular. Si el desarrollo está determinado genética/fisiológicamente es obligado suponer que la estructura/función del cerebro lo ha hecho también. Cosa que no ha ocurrido.

 

La conclusión a este razonamiento es clara: el cerebro, aún en toda su complejidad, es "tonto"; su único trabajo genéticamente heredado es nada más que mantener vivos otros órganos. Únicamente los contenidos socioculturales externos mueven su estructura para cumplir con determinadas funciones superiores. En cierto modo, es una máquina de procesamiento de información; interna (homeostasis fisiológica, exactamente igual que en cualquier otro animal) y externa (aquí ya empiezan a complicarse las cosas).

 

Pero me estoy adentrando en el terreno de la psicología cognitiva. Quédese, pues, la lectora -si así le parece oportuno- con esta última conclusión.

 

Enfoque cognitivo: del cerebro a la mente

 

¿Es lo mismo cerebro y mente? Desde un punto de vista puramente biológico y reduccionista, posiblemente sí. Pero durante los años 50 del siglo pasado apareció en psicología un nuevo paradigma científico (Estany, 1999): la revolución cognitiva. Dicho paradigma vino a enfrentarse a los enfoques excesivamente "oscuros" del psicoanálisis, al conductismo y a la psicología biológica. Diversos autores (Estanny, 1999; Gardner, 1985) coinciden en afirmar que el origen del cognitivismo tuvo lugar en Septiembre de 1948 durante el Hixon Symposium, en el Instituto de Tecnología de California. A partir de aquí, se establecen los primeros símiles computacionales al hablar de la mente. El artículo de George A. Miller "The magical number seven:..." (1956) sobre los chuncks (paquetes) de información de procesamiento máximos a procesar por la memoria a corto plazo; y la máquina de Turing (1950) fueron probablemente la base de las investigaciones de la computación mental.

 

Me interesa recordar aquí que el símil computacional es eso, un símil. En ningún caso se afirma desde el cognitivismo que la mente sea sólo un ordenador, sino que se asimila su funcionamiento al de este. Así, el cerebro sería una unidad de procesamiento entre los inputs sensoriales y los outputs de pensamiento o conductuales. Este enfoque del llamado "procesador central" aporta explicaciones de gran valor a la cogitación humana (Johnson-Laird, 1993). Pero tiene sus limitaciones.

 

En primer lugar, en el ordenador la información se procesa de forma serial, estando claramente definidas las funciones de cada elemento estructural. En la mente esto no parece ser así. Más bien, se activan diferentes estructuras (esquemas) de forma radial y en paralelo. Desde un punto de vista puramente biológico, sí hay estructuras que muestran mayor actividad en determinadas funciones. Pero el buen funcionamiento de estas últimas no depende de una única estructura, sino de varias.

 

En segundo lugar, el ordenador almacena información en diferentes dispositivos físicos -disco duro, CD-Rom, diskette, DVD,...-. Tampoco hay evidencia segura de que la mente almacene dicha información. Más bien parece que los esquemas radiales se activen de forma procesual.

 

Aún reconociendo el enorme valor explicativo del símil computacional, tiene poca consistencia teòrico/empírica. En la actualidad, el análisis más eficaz de los procesos mentales superiores viene de la mano del conexionismo y, especialmente, de la Teoría del PDP (Procesamiento Distribuido en Paralelo, Rumerhalt/McClelland, 1986). De acuerdo con la misma, la información sería procesada por diferentes unidades en red que se activarían de forma paralela. El asunto del almacenamiento de la información -de la memoria, en fin- sigue siendo un misterio. Misterio que analizaré más adelante.

 

Por otro lado, en un artículo de 2002 (Seguí, 2002a) mostré, basándome en evidencias experimentales de Rugg (1996), que el recuerdo de las palabras elaboradas semánticamente es superior al de las aprendidas por repetición. Mis conclusiones fundamentales fueron 1) existe una traza fisiológica (medida en microvoltios de la actividad neural, de acuerdo con Rugg, 1996) en la profundidad del recuerdo de palabras con significado semántico. 2) Los procesos elaborados (semánticos) son de mayor calidad mnemónica que los puramente sintácticos (por repetición o similitud). 3) el reconocimiento (inconsciente, priming[4]) y el recuerdo (consciente, semántico) no siguen los mismos procesos.

 

Antes de finalizar este breve repaso sobre la psicología cognitiva, deseo citar los trabajos de la neuròloga y psicóloga Martha J. Farah (1989, 1991, 1994, 1998), de la Universidad de Pennsylvania. Una de sus aportaciones más interesantes es su afirmación de que "...in the case of this computer between our ears, hardware and software are not independent: form follows function." (1998, pág. 1). Es decir, estructura y función son lo mismo. La mente no sería, pues, una máquina de procesamiento de la información a la espera de programas que la hagan funcionar, sino algo más. Algo en lo que maquinaria y programas funcionarían como una sola cosa.

 

Como conclusión a estos apuntes me interesa quedarme no sólo con la revolucionaria idea de la Doctora Farah, sino con los aspectos radiales del procesamiento en paralelo de la mente, con la cuestión de la semanticidad (significado) de los procesos psicológicos superiores (por ejemplo, la memoria) y con la duda ¿dónde se almacena la información?

 

Otra duda, ¿por qué la psicología del desarrollo y la cognitiva llevan aparentemente caminos bastante diferentes?

 

La psicología cultural: de la mente a la sociedad

 

En 2002 (Seguí, 2002b) mostré cómo la memoria en general es una construcción social. Más tarde (Seguí, 2002c) reconfirmé esta afirmación incluyendo aspectos cognitivos y entrando al detalle de la memoria autobiográfica. Quiero usar este ejemplo para mostrar cómo no es suficiente una explicación biológica del funcionamiento del cerebro, ni una computacional o conexionista del de la mente.

 

En mi primer artículo mostré experimentalmente cómo la narración de un suceso del pasado activa relaciones lógicas con hechos socialmente construidos. Las referencias a otros sujetos y a situaciones sociales eran constantes en la construcción del recuerdo. Más tarde, revisé dicho artículo desde un punto de vista cognitivo y descubrí que el proceso computacional de recuperación de memoria se basaba en componentes semánticos. Mi conclusión fue clara, aunque entiendo que sea controvertida. "La memoria autobiográfica se construye socialmente cimentada en aspectos cognitivos que tienen que ver con el proceso de la información situada contextualmente, manipulada mediante símbolos y signos asociados con el contexto y apoyada en estados emocionales" (Seguí, 2002c, pág. 6). En otras palabras: la información no se almacena en el "interior" del cerebro o de la mente; sino en el exterior, en la interacción con elementos socioculturales. Quien dude de esta afirmación tendrá que demostrarme fehacientemente que el componente semántico de los procesos psicológicos superiores -también de muchos básicos o adquiridos por priming- no es un constructo sociocultural, cosa que me temo que va a tener complicada.

 

La psicología cultural tiene fuertes imbricaciones con la etnografía y el socioconstruccionismo. Si aquélla (Adamson, 1985) es, en pocas palabras, el estudio de las culturas humanas; el segundo comparte no pocos supuestos en cuanto a la construcción social de los hechos culturales. Como al principio de este artículo creo haber referenciado suficientemente los supuestos de este marco teórico, haré sólo algún apunte etnográfico.

 

Pero, antes, ¿qué es la cultura? Permítaseme citar textualmente dos definiciones:

 

- Bukowski y Sippola (1998) afirman que "Culture is a multidimensional, dynamic, and heterogeneous entity that varies as a function of language, economics, religion, social and governamental institutions, climate, and historical background." (pág. 742)

 

- Plotkin (2002), "Human culture is the most complex phenomenon on Earth, comprising as it does the collective skills, knowledge and beliefs in the minds of people that make up a culture." (pág. 3)

 

Las dos definiciones nos invitan a reflexionar si las ponemos en cuestión desde un punto de vista de la psicología del desarrollo. No tenemos más remedio -lo que no está nada mal- que convertirnos en psicólogos sociales y admitir que el proceso de maduración -de desarrollo- del humano no es más que el de socialización, asumiendo por esta la integración en ese complejo fenómeno (Plotkin, 2002) dependiente de todos los factores (¡y quizá más!) señalados por Bukowski y Sippola (1998). ¿Dónde queda aquí la biología? Los propios Bukowski y Sippola (1998) nos muestran en su artículo que los factores fisiológicos son independientes del proceso de socialización, considerado como la integración entre idividuo y entorno cultural. Pero, además, fijémonos en la definición de Plotkin (2002). El proceso es circular: la gente es la que crea la cultura. Volveré sobre estas consideraciones.

 

Ahora retornemos a la etnografía. Una de sus primeras -y más profundas- enseñanzas es que cada cultura es diferente[5]. El maestro Claude Lévi-Strauss en "Raza y cultura" (1971) y en muchas otras de sus obras ya deja constancia de la llamada "diversidad cultural". Clifford Geertz y otros antropólogos contemporáneos (Ver "El surgimiento de la antropología postmoderna", 1998) abundan en el tema. Y el desconocido -para el lector español- antropólogo postmoderno Stephen A. Tyler, de la Rice University en Houston ya nos anunciaba en 1969 que "The 'theory' is not so much a THEORY OF CULTURE as it is theories of cultures,..." (pág. 5; mayúsculas e itálicas en el original). Desde el marco teórico de la antropología cognitiva, Tyler (Tyler, 1969) afirma que es necesario ponerse fuera de las culturas para entenderlas. Se inicia aquí un nuevo camino distanciándose de las clásicas metodologías del trabajo de campo participante y que en la actualidad se muestra enormemente escéptico sobre la posibilidad de hablar "por" los demás (Geertz, 1988, Tedlock, 1987, Seguí, 2003; Tyler, 1987, 1996, 2003).

 

Este modelo de observación no participante es una constante metodológica de la psicología cultural.

 

El modelo es, sin duda, el que nos muestra Luria en su trabajo con los campesinos de las estepas del Asia Central. Las conclusiones fundamentales de su investigación son (y cito textualmente, aunque el orden es mío):

 

1)"La ampliación de los límites de la conciencia y la formación de nuevos códigos es resultado de la vida social del hombre." (pág. 23)

 

2) "Muchos procesos psíquicos no pueden existir fuera de las correspondientes formas sociales de vida." (pág. 23)

 

3) " El lenguaje, (...) cumple en el ser humano todo el complejo trabajo de analizar y sintetizar la información que llega a su poder, ordena el mundo percibido por el ser humano, codifica las impresiones." (pág. 22)

 

4) "...los que hablen un idioma con complejos sistemas gramaticales (no significa que) se hallen en un nivel intelectual más elevado y diferenciado." (pág. 16).

 

Es perfectamente inferible de las anteriores conclusiones que el lenguaje -como constructor de los procesos psicológicos humanos- es totalmente dependiente del entorno sociocultural y que el etnocentrismo en que los occidentales estamos inmersos es un lamentable estereotipo y una falacia. Resulta obvio que la, digamos, "inteligencia práctica" occidental no es de ninguna utilidad para un habitante de las estepas rusas (incluso en la actualidad). Pero además, dicho tipo de inteligencia difiere mucho de la nuestra en culturas con un nivel tecnológico similar o superior al nuestro, como la japonesa.

 

En una línea de anti-etnocentrismo similar a la de Luria trabajan no pocos etnógrafos y psicólogos culturales. Entre los primeros me permito citar:

 

- Bright/Bright (1965).- En un interesante estudio sobre tres tribus del noroeste de California llegan a la conclusión de que sus taxonomías son similares a pesar de sus diferencias lingüísticas. Aunque esto parecería mostrar una "universalidad" conceptual no mediada por el lenguaje, reconocen que una de las tribus -la Yurok- tiene un sistema taxonómico más amplio que las demás; y se correlaciona con una gramática más extensa[6].

 

- Haugen, en 1957, en su investigación sobre los habitantes de las islas Iceland, muestra cómo el correcto o incorrecto uso de una palabra depende de la situación social en que es usada. Denomina a este fenómeno como "orientación última" (ultimate orientation) de la palabra y manifiesta que el significado es la capacidad discriminatoria de un símbolo en su entorno sociocultural.

 

- Tyler, finalmente, (1969) manifiesta en sus conclusiones sobre una investigación de la terminología lingüística de los Koya que hay multitud de factores contextuales a tener en cuenta al analizar el significado de los términos lingüísticos: "social setting, audience composition, sex and age of speaker/hearer, linguistic repertories of speaker/hearer and -most difficult of all- something that might be called the speaker's intention." (págs. 500-501).

 

En cuanto a los psicólogos culturales -muchos de ellos especializados en temas de desarrollo-,

 

- Rogoff y Morelli (1989) afirman que el funcionamiento humano es dependiente del contexto cultural; y que "...behavior and development vary according to cultural context." (pág. 344).

 

- De nuevo Rogoff (esta vez con Chavajay, 1995) llega a una interesante conclusión a partir de determinados estudios de Cole (1971, 1977; cit en Rogoff y Chavajay, 1995) y que tienen bastante que ver con mis anteriores propuestas sobre la construcción social de la memoria. La psicóloga afirma que en la recuperación de memoria la gente debe de seguir los mismos procesos, pero las estrategias que incorporan usan relaciones significativas (semánticas) entre los ítems contextuales. En el mismo artículo, y como conclusión al interesantísmo meta-análisis realizado, los autores dicen que el análisis transcultural de la cognición ha transitado "...from looking at culture as an indepependent variable affecting cognition to regarding cognitive processes as inherently cultural." (pag. 873).

 

- Kulmala (2002) en un análisis del discurso de diferentes sujetos confirma algo que sabemos bien los socioconstruccionistas y que me parece muy esclarecedor para la cuestión del desarrollo: "Central for the definition of the self and the construction of identity are those Others with whom the person has personal contact at different stages of life." (pág. 10) La cuestión, pues, no está tanto en una determinación genética del desarrollo, como en unas fases evolutivas de relación con los otros. Las definiciones de "mí mismo" están siempre en función de "mi" relación con los demás, que actúan, además, como -en palabras de Kulmala- una constante superficie reflectante ("a constant reflective surface", pág. 3)

 

Como muestra de la viveza del debate en torno a la psicología cultural y el desarrollo humano, quiero referenciar un interesante "rifi-rafe" que se produjo durante el año 1998 en el seno de la revista Psychological Bulletin de la American Psychological Association. La psicóloga Angeline Lillard, de la universidad de Virginia, publica un  artículo en torno a la folk psychology como teoría de la mente. En él  usa como instrumento meta-analítico la comparación de lo que ella llama el modelo EA (Europeo Americano, "European American model") y otros modelos culturales. Lillard critica la generalizada asunción de que la idea que la gente tiene de la mente es la misma en todas las culturas y afirma que esta generalización es fruto del etnocentrismo del modelo EA, llegando a la conclusión de que parece haber importantes variaciones en este tópico en función de las diferencias culturales. Concretamente[7], en la página 5 dice: "cultural psychologists claim that mind and culture are mutually constituted". Wellman (1998) muestra poco después su acuerdo con Lillard y va más allá, manifestando que los procesos psicológicos superiores son únicamente fruto del aprendizaje cultural. Gauvain (1998) insiste en ir más allá, asumiendo que la mente es co-construida socialmente en base a la participación de la gente en actividades significativas.

 

No puedo continuar este ensayo sin hacer, siquiera brevemente, alguna referencia a Vygotsky.

 

En primer lugar, una curiosidad: Michael Cole y James Wertsch, líderes al parecer de dos corrientes distintas en la psicología cultural (De la Mata y Cubero, 2003), participaron en la primera edición (1978) de "Mind in Society" de Vygotsky. El primero edita y traduce algunos capítulos del libro; al segundo se le agradece su asistencia en la traducción e interpretación del texto. Esta anécdota nos ilustra sobre cuánto debe la psicología cultural al maestro ruso. Quiero resaltar brevemente tan sólo dos de sus, a mi juicio, aportaciones más significativas.

 

En "Pensamiento y Lenguaje" (1934) Vygotsky toma la teoría de la fase del habla egocéntrica del niño de Piaget y la reconstruye de una forma, a mi entender, magistral. Mientras en Piaget el habla egocéntrica tiene la única función de "acompasar" los pensamientos o acciones propios, carece de utilidad en la conducta infantil y desaparece al aparecer de forma "natural" el habla externa; para Vygotsky se convierte en habla interna, siendo un medio de expresión y un instrumento del pensamiento. Esta aportación, me parece de un trascendencia quizás aún insospechada. Si consideramos que la forma más significativa de interacción con los demás es el lenguaje, esta tecnología (la lingüística) se convierte, de acuerdo con Vygotsky, en el instrumento de "auto-interacción", si se me permite la expresión. Salvo que se me demuestre lo contrario, afirmo, además, que no hay otra tecnología posible. Así, si las construcciones "interiores" (si hay algo en nuestro interior, sea esto lo que sea) usan una tecnología exterior (cultural y social), las construcciones intrapsíquicas son culturales y sociales.

 

Pero, además, Vygotsky aporta la teoría de la zona de desarrollo proximal (Vygotsky, 1978; Perinat, 2001; Wertsch y Tulviste, 1992), según la cual el paso de una etapa del desarrollo a otra viene dado por la capacidad del niño para resolver problemas más complejos en función de la colaboración con adultos o con iguales más capaces. La trascendencia de esta propuesta es tal que su análisis detallado excedería en mucho el espacio previsto para este artículo. Permítaseme, tan sólo, reproducir literalmente unas líneas del psicólogo ruso (1978): "The fact is that maturation per se is a secondary factor in the development of the most complex, unique forms of human behavior. The development of these behaviors is characterized by complicated, qualitative transformations of one form of behavior into another." (pág. 19).

 

Conclusiones iniciales[8]

 

Si,

 

1) el cerebro es "tonto"; no puede hacer nada psicológicamente significativo[9] sin contenidos culturalmente construidos,

 

2) la ciencia cognitiva es una teoría explicativa más que aceptable, pero que en principio parece omitir la relevancia de los constructos sociales externos,

 

3) la memoria -como ejemplo de actividad cognitiva superior y compleja- es una construcción social,

 

4) la cultura es una creación humana y lo humano es una creación cultural,

 

5) no es posible hablar de una "Teoría de la Cultura", sino de las teorías de las culturas,

 

6) el lenguaje como constructor -o, al menos, como mediador- de los procesos psicológicos humanos es una tecnología cultural y dependiente del entorno social,

 

7) renombrados etnógrafos, antropólogos y psicólogos abogan por una devaluación del etnocentrismo cultural occidental,

 

8) la construcción de la "identidad personal" es sólo posible en la interacción con los demás mediante procesos lingüísticos y relacionales culturalmente determinados,

 

… no parece descabellado inferir que el factor fundamental del desarrollo humano es de orden cultural: mente y cultura son lo mismo. Admito que, especialmente en los primeros años de vida, el humano es muy dependiente de su desarrollo fisiológico. Pero hay un argumento irrefutable: personas con graves deterioros psico o fisiomotrices son perfectamente capaces de alcanzar grados de desarrollo iguales a los de personas, digamos, "normales". Sin ninguna duda.

 

Erica Burman ( 1994) argumenta -y estoy de acuerdo, como lo estaría, sin duda, Ervin Goffman (1963)- que el enfoque clásico de la psicología del desarrollo se limita a presentar descripciones homogéneas, por lo que cualquier persona con desviaciones sobre las mismas será estigmatizada. Pero no. Trato de demostrar que el desarrollo no es un proceso "natural" y universal, sino social y cultural; que lo social y cultural son construcciones multivariadas y que el desarrollo durante la niñez no puede tener lugar de forma uniforme (Walker, 1999), sino que los cambios son fruto de la interacción con el sistema de creencias culturales y de las condiciones materiales en que una/o vive.

 

El mundo cambia. Las culturas también. Y la tecnología. Y lo hacen muy deprisa. Hoy ya no es suficiente con la descripción de los hechos al modo de la antropología clásica. Hoy es precisa la acción. Desde la psicología del desarrollo hasta la etnografía; de la psicología cultural a la clínica, el profesional de las ciencias sociales ya no es un mero observador; es un interventor. Las personas no somos humanas; somos cyborgs (Haraway, 1991) inmersos en un mundo mediado -por fuera y por dentro- por la tecnología. Microagentes -químicos; ansiolíticos, antidepresivos, aspirinas,...- y macroagentes -especialmente los medios de comunicación en toda su amplitud, desde los coches hasta Internet- nos alejan de las formas, digamos, naturales de vida. Somos parte de una nueva forma de naturaleza cibernética, mezcla de organismo y máquina; de realidad social y de ficción (Haraway, 1991). También los psicólogos. Es preciso -yo diría que la nueva naturaleza cultural nos lo exige- actuar. "Ya no hay representación, sólo acción, acción de la teoría, acción de la práctica en relaciones de relevos o redes." (Deleuze, 1972) Nuestro trabajo es promover el desarrollo de acciones radiales dotadas de significado cultural.

 

Probablemente alguien eche de menos alguna referencia al psicólogo Jerome Bruner. La he dejado para el final. Precisamente desde el título de su libro más conocido Bruner (1990) está ya hablándonos de esto. La representación ya no tiene ningún valor. La descripción, tampoco. Es la acción de la vida cotidiana dotada de significado la que nos hace constructores de realidades culturales. Es el sentido común, la folk psychology lo que nos permite moldear nuestro entorno a nuestro gusto, lo que nos facilita dibujar un presente y un futuro multivariados con alguna esperanza de moralidad. El dibujo es ahora mismo todavía etnocentrista y únicopensante, pero, como Bruner dice al relatar la anécdota del cuadro de Gertrude Stein pintado por Picasso, "ya se parecerá". (pág. 45).

 

Josep Seguí

Octubre 2003

 

Bibliografía.-

 

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