Socioconstruccionismo, Psicología Social
Crítica y Psicología Cultural >> Ideas
1.- Ideas
sobre Socioconstruccionismo, Antropología postmoderna y Psicología cultural
(incluyendo algún toque de Psicología discursiva). Extracto de mi trabajo para
el Pràcticum de final de carrera, “Emociones, consumo y relaciones en red. Los
casos de Rubialoka, Mirta y Akesha”. Dirigido por Adriana Gil Juárez y
presentado en Junio del 2004.
2.-
Mente y cultura: ¿un enigma resuelto?
3.- Un poco de humor nunca
viene mal. Conversación socioconstruccionista (mensaje enviado al Fòrum del
mismo nombre de
1.- Ideas sobre Socioconstruccionismo, Antropología postmoderna y
Psicología cultural (incluyendo algún toque de Psicología discursiva). Extracto
de mi trabajo para el Pràcticum de final de carrera, “Emociones, consumo y
relaciones en red. Los casos de Rubialoka, Mirta y Akesha”. Dirigido por
Adriana Gil Juárez y presentado en Junio del 2004. (Versión
para imprimir – pdf)
Antes de iniciar el trabajo de elaboración teórica
quiero recordar de nuevo que mi punto de vista es totalmente
socioconstruccionista, complementado con las aportaciones de la llamada
antropología postmoderna y la psicología cultural contemporáneas. En la actualidad
estoy cursando el “Program in social
construction. Theory and therapeutic practice”, bajo la dirección de
Permítaseme resumir en cinco puntos los supuestos básicos que están presentes en todo mi trabajo.
a)
Anti-esencialismo.-
Los seres humanos no disponemos de ningún tipo de esencia "interior"
que nos haga pensar como pensamos ni actuar como actuamos (Burr, 1995).
b)
Anti-individualismo.-
El centro de interés del psicólogo socioconstruccionista se traslada del
individuo a los procesos de interacción social (Gil, 2002a; Swim, 2003).
c)
Anti-realismo.-
No hay ninguna realidad ahí fuera esperando a ser descubierta o interpretada.
Los humanos construimos -en un proceso dialógico y social- la llamada
"realidad" (Burr, 1995; Ibáñez, 2001).
d)
Anti-dualismo.-
La cultura occidental -gracias a la moral judeocristiana, a Descartes e,
incluso más allá en el tiempo, a Aristóteles y Platón- tiene una fuerte
tendencia a presentar las cosas en términos dualistas y opuestos. Bueno/malo,
masculino/femenino, verdad/mentira, cuerpo/espíritu,... mente/cultura. Esta es
una forma parcial de construir la realidad que no necesariamente tiene que ser
"cierta".
Más allá de la filosofía dualista pensamos que la
construcción social de la realidad es multivariada. No existe una
"Verdad" absoluta y la ciencia de la modernidad es sólo una forma más
de ver las cosas que fue útil en su momento.
e)
Anti-desarrollismo.-
Si la psicología social ha sido la primera subdisciplipina de la ciencia de la
conducta en ser absorbida por los supuestos de la postmodernidad, todo indica que
la psicología del desarrollo será la próxima (Forrester, 1999). Desde este
punto de vista, el desarrollo individual humano no es dependiente de la
biología (evolucionismo darwiniano), sino de la tecnología cultural/social.
En mi opinión, el esencialismo, el
individualismo, el realismo, el dualismo y el desarrollismo son cinco mitos
(usando la terminología de Ibañez, 2001) de la cultura occidental moderna. Nada
más. Así, están situados y son construidos en un momento histórico determinado
-el comprendido entre
“The kind of understanding we display in such
activity is an active, relational-responsive kind of understanding that, unlike
the representational-referential form of understanding more
well known to us. Gives rise to more than just a ‘picture’ of the
speaker’s meaning in another person’s head”. (Shotter, 2000, pág. 100).
La etnografía
postmoderna es una evocación ajena a la tiranía de la representación[1]. La evocación, al contrario de la representación, exige
al etnógrafo psicosocial un gran esfuerzo creativo. La irresponsabilidad de la
representación -como la de todo sistema tiránico- es sustituida por la
responsabilidad del autor que no representa sino crea discursivamente una obra
justificable por y en sí misma. En una etnografía crítica hay un factor
constructor de gran peso: el investigador ya no puede decir "Ellos dijeron
o hicieron esto que os cuento", sino, "Yo digo". La
responsabilidad del etnográfo evocativo es, pues, plena. No está re-creando
unos hechos supuestamente objetivos, sino creando una realidad propia. En este
sentido, su única esperanza es que su evocación de la realidad sea aceptada por el lector/lectora; quizá mínimamente
entendida y subjetivamente compartida.
“(Una teoría científica actúa)
…exactamente como una caja de herramientas. No tiene nada que ver con el
significante… Es preciso que eso sirva, que funcione" (Deleuze, 1972, p.
10) "Ya no hay representación, sólo hay acción, acción de la teoría,
acción de la práctica en relaciones de relevos o redes" (Deleuze, 1972, p.
8).
“Cuantos más modelos plausibles, mejor,
sin que sea preciso detenernos demasiado tiempo en saber si representan
adecuadamente la realidad, lo que importa es multiplicar los modelos y las
pautas de exploración de esos modelos, con el fin de buscar resultados y
formulaciones que tengan un valor operacional y sugieran pautas de acción”
(Ibáñez, 2001, pág, 101)
“Research always does more than research”
(Burman, 2000, pág. 68)
Afortunadamente los
científicos -también los sociales- disponemos de una herramienta eficaz contra
esta especie de desánimo ontológico: el método. Si este nos permite construir y
gestionar conocimiento sin hacer daño a nadie -a pesar de inmiscuirnos en sus
vidas sin permiso-, podemos seguir trabajando con la conciencia tranquila. Y mi
método no es otro que el del análisis del
discurso.
El socioconstruccionismo centra su base teórica en la construcción
discursiva de la realidad (Montenegro, 2004)[2].
Dicha construcción se formaliza a través del lenguaje y de la interacción
dialógica. El análisis, pues, de esa interacción y del uso de la tecnología
lingüística, nos proporciona una potente herramienta para ver cuáles son las
pautas comunicativas en una relación determinada. Conocemos este corpus operativo como análisis del discurso y la subdisciplina
socioconstruccionista que se ocupa de él como psicología discursiva.
Derek Edwards y Jonathan Potter, ambos de
a)
El discurso
-el lenguaje en general- tiene, al menos, tres funciones (López Gómez y
Rodriguez Giralt, 2002; Seguí, 2002): la locutiva (lo que dice), la ilocutiva
(lo que hace en sí), la perlocutiva (el efecto, lo que hace hacer). Todas son
básicas; pero el análisis del discurso se centra fundamentalmente en la
ilocutiva. El lenguaje hace cosas por sí mismo. Y cosas, si se me permite la
expresión, de enorme trascendencia: construye la realidad, el entorno social en
el que se desarrollan las interacciones que generan emociones e identidad.
b)
Siguiendo a
Shotter -profesor emérito de Comunicación en
c)
La
psicología del discurso se centra, pues, en la práctica diaria de la gente en
entornos sociales naturales, en lo que están haciendo y cómo lo están haciendo
(Potter, 2000). Así, es preciso situar al sujeto hablante en su entorno. De
acuerdo con el antropólogo Blai Guarné (2002), las mecánicas comunicacionales desarrolladas por cada sociedad
determinan un tipo diferente de conocimiento. El conocimiento está situado
socioculturalmente y no deja de ser el motor de la construcción interactiva
lingüística.
Volviendo al modelo
de acción discursiva de Edwards y Potter (1992, ref. cit.), la acción se
opone a los constructos cognitivos (Potter, 2000). Lo que importa en el
análisis del discurso no es lo que el sujeto piensa -cuáles son sus esquemas de
cognición- sino lo que hace mediante lo que dice. En este sentido cabe analizar
cuáles son sus repertorios constructivos e interpretativos, como elementos
básicos que usa para elaborar sus versiones -situadas- de acción y pensamiento
(Wetherell y Potter, 1988).
A través de este análisis, los etnográfos
psicosociales hemos de ser capaces de detectar los hechos e intereses del
sujeto. El análisis del discurso es una metodología de investigación
cualitativa que, de acuerdo con Antaki et al. (2003) hace algo más que presentar
los datos. La atención del analista debe centrarse en determinadas cuestiones
relevantes y dejar de lado otras. Es preciso buscar evidencias de la existencia
de repertorios cognitivos, ideologías o discursos del hablante más allá del
extracto puro y duro de la conversación. “We
can’t desinfect language from ideology” (Gergen, 2004). Así, no es
suficiente con una observación, digamos, "literaria" del texto -como
diálogo, como construcción-, sino que hay que superar el método, hacia una deconstrucción derridiana (Derrida,
1987, 1998) buscando la marginalidad del texto, del discurso.
De entre los diferentes repertorios discursivos
que el sujeto tiene a su disposición -o construye dialógicamente- me interesa
resaltar ahora dos:
a)
La presentación de ejemplos (Shotter,
1999a) no como formas meramente ilustrativas dentro del discurso, sino como
auténticas construcciones espontáneas que aportan conocimiento implícito de los
usos factuales del sujeto. La fuerza del ejemplo, su carga ideológica, su
intención de ilustrar y fortalecer el discurso, son elementos básicos de
análisis del método socioconstruccionista.
b)
El uso de términos extremos (generalistas,
demostrativos de la "Verdad"). Edwards (2000) los contempla como no
literales y propone que tienen dos características. Por un lado, no sólo
describen, sino que hacen. Por otro, son fácilmente refutables mostrando una
sola excepción a la generalización. Así, no hay que tomarlos literalmente, sino
como un indicador de la actitud del hablante, más que como una descripción
fuerte del mundo. En mi opnión, la actitud del hablante es, en definitiva, su
descripción del mundo, el relato de sus hechos y de sus intereses, la
construcción de los "reportes individuales" que hilvanan su discurso,
aún considerándolos como "...in
metaphoric, 'essentially so', 'as if it were so' ways, performing irony,
teasing, and joking." (Edwards, 2000, pág. 370).
Es necesario analizar la potencia de estos dos
constructos discursivos -y seguramente más- para ver cuál es la responsabilidad
de cada actor. Como analista es preciso desprenderse de los propios prejuicios
-puntos de vista personales, políticos o morales- y huir de la deificación del
objeto (Speer y Potter, 2000). Este -ejemplos o términos extremos- no
"es" previo al discurso, sino que es resultado del proceso de
análisis. La responsabilidad de los implicados en el acto comunicacional deriva
de su esfuerzo por presentar explícitamente discursos plenos de racionalidad,
objetividad y, digamos, científicos. Un análisis puramente "literario",
como he comentado antes, no aportará las versiones implícitas en el discurso.
Observando los usos internos retóricos y las respuestas a las variables
explícitas se muestran -no sin dificultad en muchas ocasiones- los procesos de
carga ideológica, emocional y prejuicial implícitos.
Con esta metodología -apenas esbozada-, los
psicólogos sociales socioconstruccionistas nos convertimos en -siguiendo
textualmente a Michael Billig, quien se basa en Gergen, Bakhtin y Shotter
(1987, pág. 19)- “students of detail”.
Nos interesa lo que me permito llamar la “microetnografía del detalle”, de la
retórica cotidiana. Retórica que tiene usos de construcción de la realidad que
pueden ser engañosos ya que, volviendo al Gergen más reciente (2004), “Some people will conveince you because he
has pretty words”.
Josep Seguí
Junio 2004
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2.- Mente y cultura: ¿un
enigma resuelto? (Versión para imprimir – pdf)
Resumen
El autor de este artículo pretende sentar las bases
de futuras investigaciones orientadas a mostrar que el desarrollo individual humano es totalmente dependiente de la cultura,
no de la biología. Usa tres enfoques analíticos -el neurológico, el cognitivo y
el de la psicología cultural (especialmente este último)- y muestra que mente y
cultura son lo mismo -son la misma construcción-. Ejemplifica la propuesta con
un análisis sobre la memoria y toma las investigaciones de Luria (1976) de los
años 1931/32 como referente de comparación de otros aspectos cognitivos humanos
en diferentes culturas.
Palabras clave
Desarrollo humano, psicología cultural, mente,
psicología cognitiva, cultura.
Introducción
Enfoque
biológico: el cerebro
Es fundamental para mi análisis comentar, siquiera
sea brevemente, las aportaciones que la ciencia neurológica puede realizar a
nuestra discusión.
El desarrollismo[3]
tiende a conceptualizar el desarrollo humano en etapas o fases universales
relacionadas con el desarrollo cerebral. Piaget (Piaget, 1947, 1964; cit. en
Perinat, 2001; cit. en Vygotsky, 1934) basa toda su teoría del desarrollo en
este supuesto, si bien termina por admitir la importancia de la influencia del
entorno en el mismo.
El cerebro humano es un órgano enormemente
complejo y multiespecializado. Nadie, ni siquiera un socioconstruccionista
extremo como el que firma estas líneas, puede negar la importancia de este
órgano en cualquier tipo de actividad humana, incluido el desarrollo hacia la
llamada maduración. En 1978 Debakan y Sadowsky (cit. en Rosenzweig et al.,
1999, pág. 216) mostraron experimentalmente que el peso y el volumen del
cerebro cambian durante el desarrollo fisiológico del humano. Hasta los 5 años
de edad el aumento es muy rápido; alcanza su valor máximo entre los 18 y 30
años y a partir de aquí va disminuyendo poco a poco. Sin ninguna duda, esta
evidencia científica solidifica aparentemente por sí sola la teoría del
desarrollismo psicológico piagetiano. Es lógico deducir que -en su adaptación
al medio ambiente- el niño sigue una serie de fases íntimamente relacionadas
con el desarrollo genéticamente determinado del cerebro. Pero la cuestión es:
¿es cierta esta última afirmación? No cabe la menor duda de que la plasticidad
neuronal es enorme, especialmente en los primeros años de vida. Pero, ¿los
cambios son debidos al innatismo genético o a la influencia externa del medio
ambiente físico y social? Es difícil mostrar evidencias definitivas en un
sentido u otro, más me atrevo a decantarme por el último supuesto. Cualquier
explicación innatista de las capacidades psicológicas superiores humanas
significa aceptar una especie de "esencialismo interno", constructo
absolutamente impensable desde mi marco teórico. El cerebro humano (Donald,
1991; cit. en Gauvain, 1998) no ha cambiado prácticamente, ni estructural ni
funcionalmente, en los últimos 40.000 años. Sin embargo, nuestras conductas y
habilidades lo han hecho -y cada vez más- de una forma espectacular. Si el
desarrollo está determinado genética/fisiológicamente es obligado suponer que
la estructura/función del cerebro lo ha hecho también. Cosa que no ha ocurrido.
La conclusión a este razonamiento es clara: el cerebro, aún en toda su complejidad, es
"tonto"; su único trabajo genéticamente heredado es nada más que
mantener vivos otros órganos. Únicamente los contenidos socioculturales
externos mueven su estructura para cumplir con determinadas funciones
superiores. En cierto modo, es una máquina de procesamiento de información;
interna (homeostasis fisiológica, exactamente igual que en cualquier otro
animal) y externa (aquí ya empiezan a complicarse las cosas).
Pero me estoy adentrando en el terreno de la
psicología cognitiva. Quédese, pues, la lectora -si así le parece oportuno- con
esta última conclusión.
Enfoque
cognitivo: del cerebro a la mente
¿Es lo mismo cerebro y mente? Desde un punto de
vista puramente biológico y reduccionista, posiblemente sí. Pero durante los
años 50 del siglo pasado apareció en psicología un nuevo paradigma científico
(Estany, 1999): la revolución cognitiva. Dicho paradigma vino a enfrentarse a
los enfoques excesivamente "oscuros" del psicoanálisis, al
conductismo y a la psicología biológica. Diversos autores (Estanny, 1999;
Gardner, 1985) coinciden en afirmar que el origen del cognitivismo tuvo lugar
en Septiembre de 1948 durante el Hixon
Symposium, en el Instituto de Tecnología de California. A partir de aquí,
se establecen los primeros símiles computacionales al hablar de la mente. El
artículo de George A. Miller "The
magical number seven:..." (1956) sobre los chuncks (paquetes) de información de procesamiento máximos a
procesar por la memoria a corto plazo; y la máquina de Turing (1950) fueron
probablemente la base de las investigaciones de la computación mental.
Me interesa recordar aquí que el símil
computacional es eso, un símil. En ningún caso se afirma desde el cognitivismo
que la mente sea sólo un ordenador, sino que se asimila su funcionamiento al de
este. Así, el cerebro sería una unidad de procesamiento entre los inputs sensoriales y los outputs de pensamiento o conductuales.
Este enfoque del llamado "procesador central" aporta explicaciones de
gran valor a la cogitación humana (Johnson-Laird, 1993). Pero tiene sus
limitaciones.
En primer lugar, en el ordenador la información
se procesa de forma serial, estando claramente definidas las funciones de cada
elemento estructural. En la mente esto no parece ser así. Más bien, se activan
diferentes estructuras (esquemas) de forma radial y en paralelo. Desde un punto
de vista puramente biológico, sí hay estructuras que muestran mayor actividad
en determinadas funciones. Pero el buen funcionamiento de estas últimas no
depende de una única estructura, sino de varias.
En segundo lugar, el ordenador almacena
información en diferentes dispositivos físicos -disco duro, CD-Rom, diskette,
DVD,...-. Tampoco hay evidencia segura de que la mente almacene dicha
información. Más bien parece que los esquemas radiales se activen de forma
procesual.
Aún reconociendo el enorme valor explicativo del
símil computacional, tiene poca consistencia teòrico/empírica. En la
actualidad, el análisis más eficaz de los procesos mentales superiores viene de
la mano del conexionismo y, especialmente, de
Por otro lado, en un artículo de 2002 (Seguí,
2002a) mostré, basándome en evidencias experimentales de Rugg (1996), que el
recuerdo de las palabras elaboradas semánticamente es superior al de las
aprendidas por repetición. Mis conclusiones fundamentales fueron 1) existe una
traza fisiológica (medida en microvoltios de la actividad neural, de acuerdo
con Rugg, 1996) en la profundidad del recuerdo de palabras con significado
semántico. 2) Los procesos elaborados (semánticos) son de mayor calidad
mnemónica que los puramente sintácticos (por repetición o similitud). 3) el
reconocimiento (inconsciente, priming[4]) y
el recuerdo (consciente, semántico) no siguen los mismos procesos.
Antes de finalizar este breve repaso sobre la
psicología cognitiva, deseo citar los trabajos de la neuròloga y psicóloga
Martha J. Farah (1989, 1991, 1994, 1998), de
Como conclusión a estos apuntes me interesa
quedarme no sólo con la revolucionaria idea de
Otra duda, ¿por qué la psicología del desarrollo
y la cognitiva llevan aparentemente caminos bastante diferentes?
La psicología
cultural: de la mente a la sociedad
En 2002 (Seguí, 2002b) mostré cómo la memoria en
general es una construcción social. Más tarde (Seguí, 2002c) reconfirmé esta
afirmación incluyendo aspectos cognitivos y entrando al detalle de la memoria
autobiográfica. Quiero usar este ejemplo para mostrar cómo no es suficiente una explicación biológica del funcionamiento del
cerebro, ni una computacional o conexionista del de la mente.
En mi primer artículo mostré experimentalmente
cómo la narración de un suceso del pasado activa relaciones lógicas con hechos
socialmente construidos. Las referencias a otros sujetos y a situaciones
sociales eran constantes en la construcción del recuerdo. Más tarde, revisé
dicho artículo desde un punto de vista cognitivo y descubrí que el proceso
computacional de recuperación de memoria se basaba en componentes semánticos.
Mi conclusión fue clara, aunque entiendo que sea controvertida. "La
memoria autobiográfica se construye socialmente cimentada en aspectos
cognitivos que tienen que ver con el proceso de la información situada
contextualmente, manipulada mediante símbolos y signos asociados con el
contexto y apoyada en estados emocionales" (Seguí, 2002c, pág. 6). En
otras palabras: la información no se
almacena en el "interior" del cerebro o de la mente; sino en el
exterior, en la interacción con elementos socioculturales. Quien dude de
esta afirmación tendrá que demostrarme fehacientemente que el componente semántico
de los procesos psicológicos superiores -también de muchos básicos o adquiridos
por priming- no es un constructo
sociocultural, cosa que me temo que va a tener complicada.
La psicología cultural tiene fuertes
imbricaciones con la etnografía y el socioconstruccionismo. Si aquélla
(Adamson, 1985) es, en pocas palabras, el estudio de las culturas humanas; el
segundo comparte no pocos supuestos en cuanto a la construcción social de los
hechos culturales. Como al principio de este artículo creo haber referenciado
suficientemente los supuestos de este marco teórico, haré sólo algún apunte
etnográfico.
Pero, antes, ¿qué es la cultura? Permítaseme
citar textualmente dos definiciones:
- Bukowski y Sippola
(1998) afirman que "Culture is a
multidimensional, dynamic, and heterogeneous entity that varies as a function
of language, economics, religion, social and governamental institutions,
climate, and historical background." (pág. 742)
- Plotkin (2002), "Human culture is the most complex phenomenon
on Earth, comprising as it does the collective skills, knowledge and beliefs in
the minds of people that make up a culture." (pág. 3)
Las dos definiciones nos invitan a reflexionar si
las ponemos en cuestión desde un punto de vista de la psicología del
desarrollo. No tenemos más remedio -lo que no está nada mal- que convertirnos
en psicólogos sociales y admitir que el
proceso de maduración -de desarrollo- del humano no es más que el de
socialización, asumiendo por esta la integración en ese complejo fenómeno
(Plotkin, 2002) dependiente de todos los factores (¡y quizá más!) señalados por
Bukowski y Sippola (1998). ¿Dónde queda aquí la biología? Los propios Bukowski
y Sippola (1998) nos muestran en su artículo que los factores fisiológicos son
independientes del proceso de socialización, considerado como la integración
entre idividuo y entorno cultural. Pero, además, fijémonos en la definición de
Plotkin (2002). El proceso es circular:
la gente es la que crea la cultura. Volveré sobre estas consideraciones.
Ahora retornemos a la etnografía. Una de sus
primeras -y más profundas- enseñanzas es que cada cultura es diferente[5].
El maestro Claude Lévi-Strauss en "Raza y cultura" (1971) y en muchas
otras de sus obras ya deja constancia de la llamada "diversidad
cultural". Clifford Geertz y otros antropólogos contemporáneos (Ver
"El surgimiento de la antropología postmoderna", 1998) abundan en el
tema. Y el desconocido -para el lector español- antropólogo postmoderno Stephen
A. Tyler, de
Este modelo
de observación no participante es una constante metodológica de la
psicología cultural.
El modelo es, sin duda, el que nos muestra Luria
en su trabajo con los campesinos de las estepas del Asia Central. Las
conclusiones fundamentales de su investigación son (y cito textualmente, aunque
el orden es mío):
1)"La ampliación de los límites de la
conciencia y la formación de nuevos códigos es resultado de la vida social del hombre." (pág. 23)
2) "Muchos procesos psíquicos no pueden
existir fuera de las correspondientes
formas sociales de vida." (pág. 23)
3) " El lenguaje, (...) cumple en el ser
humano todo el complejo trabajo de analizar y sintetizar la información que
llega a su poder, ordena el mundo
percibido por el ser humano, codifica las impresiones." (pág. 22)
4) "...los que hablen un idioma con
complejos sistemas gramaticales (no
significa que) se hallen en un nivel intelectual más elevado y diferenciado."
(pág. 16).
Es perfectamente inferible de las anteriores
conclusiones que el lenguaje -como
constructor de los procesos psicológicos humanos- es totalmente dependiente del
entorno sociocultural y que el etnocentrismo en que los occidentales
estamos inmersos es un lamentable estereotipo y una falacia. Resulta obvio que
la, digamos, "inteligencia práctica" occidental no es de ninguna
utilidad para un habitante de las estepas rusas (incluso en la actualidad).
Pero además, dicho tipo de inteligencia difiere mucho de la nuestra en culturas
con un nivel tecnológico similar o superior al nuestro, como la japonesa.
En una línea de anti-etnocentrismo similar a la
de Luria trabajan no pocos etnógrafos y psicólogos culturales. Entre los
primeros me permito citar:
- Bright/Bright (1965).- En un interesante
estudio sobre tres tribus del noroeste de California llegan a la conclusión de
que sus taxonomías son similares a pesar de sus diferencias lingüísticas.
Aunque esto parecería mostrar una "universalidad" conceptual no
mediada por el lenguaje, reconocen que una de las tribus -
- Haugen, en 1957, en su investigación sobre los
habitantes de las islas Iceland,
muestra cómo el correcto o incorrecto uso de una palabra depende de la
situación social en que es usada. Denomina a este fenómeno como
"orientación última" (ultimate
orientation) de la palabra y manifiesta que el significado es la capacidad
discriminatoria de un símbolo en su entorno sociocultural.
- Tyler, finalmente, (1969) manifiesta en sus
conclusiones sobre una investigación de la terminología lingüística de los Koya
que hay multitud de factores contextuales a tener en cuenta al analizar el
significado de los términos lingüísticos: "social setting, audience composition, sex and age of speaker/hearer,
linguistic repertories of speaker/hearer and -most difficult of all- something
that might be called the speaker's intention." (págs. 500-501).
En cuanto a los psicólogos culturales
-muchos de ellos especializados en temas de desarrollo-,
- Rogoff y Morelli (1989) afirman que el
funcionamiento humano es dependiente del contexto cultural; y que "...behavior and development vary according
to cultural context." (pág. 344).
- De nuevo Rogoff (esta vez con Chavajay, 1995)
llega a una interesante conclusión a partir de determinados estudios de Cole
(1971, 1977; cit en Rogoff y Chavajay, 1995) y que tienen bastante que ver con
mis anteriores propuestas sobre la construcción social de la memoria. La
psicóloga afirma que en la recuperación de memoria la gente debe de seguir los
mismos procesos, pero las estrategias que incorporan usan relaciones
significativas (semánticas) entre los ítems contextuales. En el mismo artículo,
y como conclusión al interesantísmo meta-análisis realizado, los autores dicen
que el análisis transcultural de la cognición ha transitado "...from looking at culture as an
indepependent variable affecting cognition to regarding cognitive processes as
inherently cultural." (pag. 873).
- Kulmala (2002) en un análisis del discurso de
diferentes sujetos confirma algo que sabemos bien los socioconstruccionistas y
que me parece muy esclarecedor para la cuestión del desarrollo: "Central for the definition of the self and
the construction of identity are those Others with whom the person has personal
contact at different stages of life." (pág. 10) La cuestión, pues, no
está tanto en una determinación genética del desarrollo, como en unas fases evolutivas de relación con los otros.
Las definiciones de "mí mismo" están siempre en función de
"mi" relación con los demás, que actúan, además, como -en palabras de
Kulmala- una constante superficie reflectante ("a constant reflective surface", pág. 3)
Como muestra de la viveza del debate en torno a
la psicología cultural y el desarrollo humano, quiero referenciar un
interesante "rifi-rafe" que se produjo durante el año 1998 en el seno
de la revista Psychological Bulletin
de
No puedo continuar este ensayo sin
hacer, siquiera brevemente, alguna referencia a Vygotsky.
En primer lugar, una curiosidad: Michael Cole y
James Wertsch, líderes al parecer de dos corrientes distintas en la psicología
cultural (De
En "Pensamiento y Lenguaje" (1934)
Vygotsky toma la teoría de la fase del habla egocéntrica del niño de Piaget y
la reconstruye de una forma, a mi entender, magistral. Mientras en Piaget el
habla egocéntrica tiene la única función de "acompasar" los
pensamientos o acciones propios, carece de utilidad en la conducta infantil y
desaparece al aparecer de forma "natural" el habla externa; para
Vygotsky se convierte en habla interna, siendo un medio de expresión y un
instrumento del pensamiento. Esta aportación, me parece de un
trascendencia quizás aún insospechada. Si consideramos que la forma más
significativa de interacción con los demás es el lenguaje, esta tecnología (la
lingüística) se convierte, de acuerdo con Vygotsky, en el instrumento de
"auto-interacción", si se me permite la expresión. Salvo que se me
demuestre lo contrario, afirmo, además, que no hay otra tecnología posible.
Así, si las construcciones "interiores" (si hay algo en nuestro
interior, sea esto lo que sea) usan una tecnología exterior (cultural y social),
las construcciones intrapsíquicas son
culturales y sociales.
Pero, además, Vygotsky aporta la teoría de la
zona de desarrollo proximal (Vygotsky, 1978; Perinat, 2001; Wertsch y Tulviste,
1992), según la cual el paso de una etapa del desarrollo a otra viene dado por
la capacidad del niño para resolver problemas más complejos en función de la
colaboración con adultos o con iguales más capaces. La trascendencia de esta
propuesta es tal que su análisis detallado excedería en mucho el espacio
previsto para este artículo. Permítaseme, tan sólo, reproducir literalmente
unas líneas
Conclusiones iniciales[8]
Si,
1) el cerebro es "tonto"; no puede
hacer nada psicológicamente significativo[9]
sin contenidos culturalmente construidos,
2) la ciencia cognitiva es una teoría explicativa
más que aceptable, pero que en principio parece omitir la relevancia de los
constructos sociales externos,
3) la memoria -como ejemplo de actividad
cognitiva superior y compleja- es una construcción social,
4) la cultura es una creación humana y lo humano
es una creación cultural,
5) no es posible hablar de una "Teoría de
6) el lenguaje como constructor -o, al menos, como
mediador- de los procesos psicológicos humanos es una tecnología cultural y
dependiente del entorno social,
7) renombrados etnógrafos, antropólogos y
psicólogos abogan por una devaluación del etnocentrismo cultural occidental,
8) la construcción de la "identidad
personal" es sólo posible en la interacción con los demás mediante
procesos lingüísticos y relacionales culturalmente determinados,
… no parece descabellado inferir que el factor fundamental del desarrollo humano
es de orden cultural: mente y cultura son lo mismo. Admito que,
especialmente en los primeros años de vida, el humano es muy dependiente de su
desarrollo fisiológico. Pero hay un argumento irrefutable: personas con graves
deterioros psico o fisiomotrices son perfectamente capaces de alcanzar grados
de desarrollo iguales a los de personas, digamos, "normales". Sin
ninguna duda.
Erica Burman ( 1994)
argumenta -y estoy de acuerdo, como lo estaría, sin duda, Ervin Goffman (1963)-
que el enfoque clásico de la psicología del desarrollo se limita a presentar
descripciones homogéneas, por lo que cualquier persona con desviaciones sobre
las mismas será estigmatizada. Pero no. Trato de demostrar que el desarrollo no
es un proceso "natural" y universal, sino social y cultural; que lo
social y cultural son construcciones multivariadas y que el desarrollo durante
la niñez no puede tener lugar de forma uniforme (Walker, 1999), sino que los
cambios son fruto de la interacción con
el sistema de creencias culturales y de las condiciones materiales en que
una/o vive.
El mundo cambia. Las culturas también. Y la
tecnología. Y lo hacen muy deprisa. Hoy ya no es suficiente con la descripción
de los hechos al modo de la antropología clásica. Hoy es precisa la acción.
Desde la psicología del desarrollo hasta la etnografía; de la psicología
cultural a la clínica, el profesional de las ciencias sociales ya no es un mero
observador; es un interventor. Las personas no somos humanas; somos cyborgs
(Haraway, 1991) inmersos en un mundo mediado -por fuera y por dentro- por la
tecnología. Microagentes -químicos; ansiolíticos, antidepresivos,
aspirinas,...- y macroagentes -especialmente los medios de comunicación en toda
su amplitud, desde los coches hasta Internet- nos alejan de las formas,
digamos, naturales de vida. Somos parte de una nueva forma de naturaleza
cibernética, mezcla de organismo y máquina; de realidad social y de ficción
(Haraway, 1991). También los psicólogos. Es preciso -yo diría que la nueva
naturaleza cultural nos lo exige- actuar. "Ya no hay representación, sólo
acción, acción de la teoría, acción de la práctica en relaciones de relevos o
redes." (Deleuze, 1972) Nuestro trabajo es promover el desarrollo de acciones radiales dotadas de significado
cultural.
Probablemente alguien eche de menos alguna referencia
al psicólogo Jerome Bruner. La he dejado para el final. Precisamente desde el
título de su libro más conocido Bruner (1990) está ya hablándonos de esto. La
representación ya no tiene ningún valor. La descripción, tampoco. Es la acción
de la vida cotidiana dotada de significado la que nos hace constructores de
realidades culturales. Es el sentido común, la folk psychology lo que nos permite moldear nuestro entorno a
nuestro gusto, lo que nos facilita dibujar un presente y un futuro
multivariados con alguna esperanza de moralidad. El dibujo es ahora mismo
todavía etnocentrista y únicopensante, pero, como Bruner dice al relatar la
anécdota del cuadro de Gertrude Stein pintado por Picasso, "ya se
parecerá". (pág. 45).
Josep Seguí
Octubre 2003
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